martes

PAJARO DE OPIO

Suave luz amordazada y mesa para dos, esa es la receta para sobrellevar de madrugada la soledad con los dedos de alguien echando sobre el piano, como estraperlo, dos cucharadas de la sangre pasmada de Richard Clayderman. Aquella madrugada estuve especialmente melancólico y me pareció ver en mis propios ojos el aniñado 'medley' de mi lejana juventud y la sangre corriendo por las venas como un obcecado pájaro de opio. Miré a Patricia y le dije: "Vamos, nena, no me vengas con historias de tu juventud. A tu edad yo ya era veinte años mayor que tú. Importa poco el tiempo. Si la luz no desmiente tus ojos, incluso parecerá cierto que te conservas como a los doce años, cuando sí que era cierto que te conservabas bien.
Fue una madrugada de poca luz y en una mesa para dos. A Patricia le sonaba en los pulmones un popurrí de sangre con piñones. El hielo en las copas se había vuelto lodo y con el viento, las banderas del Waldorf parecían fulanas de agua…