martes

CHARLY

No hay mucho que decir de Charly. No era un tipo inteligente, ni siquiera uno de esos tipos en quienes una ocurrencia parece a veces el raro destello de un talento oculto. Charly… bueno… Charly era ancho, eso es todo. Y pegaba duro. Las manos de Charly eran familia numerosa. En una ocasión le dio semejantes bofetadas a un matón que al día siguiente fue al oculista porque tenía conjuntivitis ¡en las manos! Charly era tan corpulento que podría salir corriendo en tres direcciones distintas. Alguien juró haberle visto apagar las luces de casa soplando en las bombillas. Seguramente se trata de una exageración. Le gustaba aparentar por encima de sus posibilidades. La noche que se presentó a pedir trabajo, dijo: "Soy lo que hay a la vista. Con un par de aspirinas podría sobrevivir a un disparo en la nuca. De taxista en el Bronx aprendí que en la tapicería amarilla la sangre se vuelve azul. Soy sórdido y elegante, como una catedral con escalera de incendios…"
Al final se casó con una mujer que cuece los libros antes de leerlos.

UNA CANCION DE BECAUD

Fue una canción de Becaud la que hace veinte años me ayudó a decirle a Ana que estábamos hechos el uno para el otro y que era por nuestros hijos por quien preguntaban mis sueños. Bailamos un buen rato. La voz de Becaud era viento a favor y en la boca de Ana ocurrió mi boca. Me sentí feliz aquella noche. No necesitaba nada. La tenía a ella entre mis brazos y sabía que mientras sonase la música, sería sólo mía esa media hora de eternidad con la que sueña un hombre cuando está tan cansado que caería de rodillas si se posase una mariposa en el ala de su sombrero. Ana me transmitía ese extraño fuego que no quema, el fuego del cuerpo, el llevadero calor de la sangre, suave fuego del grifo. "Me siento a gusto, contigo -le dije-, y es como si mi maldito corazón estrenase corbata". ¡Dios!, me hubiese mudado a vivir con ella en el fuelle entre dos vagones de un tren sin ojos.

PAJARO DE OPIO

Suave luz amordazada y mesa para dos, esa es la receta para sobrellevar de madrugada la soledad con los dedos de alguien echando sobre el piano, como estraperlo, dos cucharadas de la sangre pasmada de Richard Clayderman. Aquella madrugada estuve especialmente melancólico y me pareció ver en mis propios ojos el aniñado 'medley' de mi lejana juventud y la sangre corriendo por las venas como un obcecado pájaro de opio. Miré a Patricia y le dije: "Vamos, nena, no me vengas con historias de tu juventud. A tu edad yo ya era veinte años mayor que tú. Importa poco el tiempo. Si la luz no desmiente tus ojos, incluso parecerá cierto que te conservas como a los doce años, cuando sí que era cierto que te conservabas bien.
Fue una madrugada de poca luz y en una mesa para dos. A Patricia le sonaba en los pulmones un popurrí de sangre con piñones. El hielo en las copas se había vuelto lodo y con el viento, las banderas del Waldorf parecían fulanas de agua…

ALIENTO DE GRISÚ

La vejez es seguramente el único disparo sin orificio de entrada. Es natural envejecer, y además no hay alternativa. Lo único que tiene remedio son los modales de la edad. Serás feliz si descubres lo elegante que resulta hacer frases de Truman Capote aprovechando que te sube a la boca, como grisú, el aliento de tu cadáver.

RAICES EN LOS TRENES

Todos nos hemos sentido alguna vez identificados con los tipos solitarios del cine, la clase de hombre que sólo echa raíces en los trenes y cuyo álbum de fotos es el tatuaje de una mujer con la mirada de otro, la lejana ortografía de un paisaje inaccesible y el mazo de cartas de una baraja marcada. Eso es lo que nos tienta, pero la vida nos lleva por otros derroteros y al final tan solo recordaremos que la mayor proeza de nuestras vidas fue entrar con chándal a misa de doce en los carmelitas de la Plaza de España.

ANTES Y AHORA

Antes, la genealogía era dogma de fe. Ahora es distinto: los hijos descienden de los padres, pero no estoy seguro de que los hijos de sus hijos no acaben dando la impresión de proceder de la olla exprés. Carecerán de cultura por falta de leer libros y estudiar Física. Una amiga mía muy joven me dijo una madrugada en el VIPS que lo que más le gustó de Segovia fue la catedral de Toledo. También dicen que una noche estuvo Cristo en la cafetería y una camarera habló con él y luego corrió junto a sus compañeras y les dijo: "No me lo vais a creer, chicas, pero acabo de conseguir un autógrafo de Demis Roussos". Hay jóvenes que no leerán jamás un libro si no se lo regalan con las herramientas para abrirlo.

sábado

LA NIEVE

Mi ascensión por la vida fue como subir una empinada montaña, y al final de la escalada descubrir que la nieve de la cumbre era artificial.